► NUEVA ÉPOCA :: Entrevistas

4 de noviembre de 2008
Gabriela Granados: El poliamor es otra cosa, aquí no hay seguridades
por Opción Bi

Gaby Granados es periodista especializada en temas de sexualidad desde hace más de 15 años. Es una asidua investigadora sobre el tema de las sexualidades alternativas en México y otros países. Además, es Co-directora de la productora de documentales Deep Cherry, y productora asociada de la Televisión Japonesa NHK para México y Centroamérica, ha publicado en los periódicos Milenio, El Universal y Reforma, así como en las revistas Gatopardo, Milenio, Quo y DF por Travesías, entre otras.

Opción Bi (OBI): ¿Cómo determinar conductas sexuales recurrentes entre los mexicanos y las mexicanas promedio?

Gabriela Granados: Creo que la gente común se guía por lo que conoce de las personas más cercanas y lo que ve, lee o escucha en los medios de comunicación, o sea, lo que seleccionamos los periodistas, con toda la honestidad, parcialidad y prejuicios de que somos capaces.

Lo peor que podemos hacer nosotros, como profesionales de la información, es dar por hecho aquello que nosotros personalmente creemos que es la verdad. En este caso, lo único que hacemos es darle autoridad y credibilidad a posturas individuales. Afortunadamente, la evolución de la ética periodística limita hasta cierto punto esto; sin embargo, los consumidores de medios deben saber que esto sucede con alguna frecuencia.

Otra práctica común en periodismo es el sondeo tipo vox populi (“la voz del pueblo”) donde se pregunta a tantas personas como lo permita el tiempo, que puede ser medio día en el caso de un noticiario de radio o televisión, una semana para un suplemento o reportaje especial en un periódico, o hasta dos o tres meses en el caso de las revistas.

Muchas veces también recurrimos a la voz de los “especialistas”, tanto por falta de tiempo y recursos para realizar una investigación propia, como por la necesidad de presentar contenidos “autorizados”. Dependiendo del medio y su postura editorial –explícita o no- estos “especialistas” pueden ser propiamente sexólogos, pero también médicos, psicólogos, psiquiatras, sociólogos y hasta curas: no sólo personajes que estudian la conducta humana, sino agentes sociales con intereses específicos cuya misión es dictar normas al respecto. Entonces, también hay que leer esos “comentarios de especialistas” con reserva, entre líneas.

Lo más sólido es recurrir a los estudios académicos, que teóricamente deben tener una metodología bien diseñada, con mínimos rangos de error. Sin embargo, muchas veces la bisexualidad resulta sencillamente inconcebible y no aparece siquiera como una posibilidad, pues no hay un entendimiento suficiente sobre lo que significa el sentirse atraído sexual y/o emocionalmente por un género y otro -para decirlo con la mayor simpleza, y sin mencionar las variables que existen entre sentirse atraído y actuar sexual y/o emocionalmente, ni tampoco las variables que existen más allá de la dicotomía masculino-femenino-.

Hay otras fuentes, como el arte, la literatura… pero bueno, creo que al final de cuentas también hay que admitir que, quizá, eso de “mexicanos y mexicanas promedio” simplemente no existe. O sea, que no podemos tener ninguna certeza, sino solamente pistas…

OBI: ¿Las prácticas sexuales alternativas siguen siendo clandestinas?

Gabriela Granados: Primero, y como esta charla es para Opción Bi, grupo al cual acompañé en su surgimiento y por el cual tengo un especial cariño, debo decir que no considero a la bisexualidad meramente como una práctica, sino también como una vivencia subjetiva, un deseo, una potencialidad que no siempre se lleva a la práctica, o no siempre que se concreta materialmente lo hace de la manera supuesta.

Segundo, me quiero referir a una revista que existió en México hace muchos años y que abordaba la bisexualidad. Se llamaba Alter, por aquello de la “otredad”. Ese nombre era para significar aquello que estaba más allá de la consabida dualidad heterosexualidad-homosexualidad, cada vez más aceptada (aunque confinada) por el mainstream.

Con todo lo cuestionable que sea, la tercera acepción de “alternativo” según la Real Academia se refiere a actividades principalmente culturales que “se contraponen a los modelos oficiales comúnmente aceptados”. Esto aplica totalmente para la bisexualidad; sin embargo, creo que su condición de clandestinidad es relativa.

Por lo dicho antes, no te sabría decir con precisión cuánta bisexualidad es abierta y cuánta es clandestina. Por lo que he observado y por mi propia experiencia, creo que es ambas cosas, aunque mayoritariamente soterrada, o sea, ligeramente clandestina. Hay muchos gestos, guiños y comportamientos “discretos”; pero también una muy, muy abierta ostentación –aunque sea esporádicamente- en determinados lugares, y que, cuando sucede, genera una avidez aprobatoria en la mirada que la ve.

Hay muchas otras expresiones de la sexualidad alternativa que aparecen con todo éxito --si bien discreta y/o esporádicamente- en la publicidad, la moda y hasta en las noticias, como el sadomasoquismo y la transexualidad. También creo que hay mucha bisexualidad no sólo abierta, sino aplaudida, en ambientes como el swinger, aunque se limite al sexo entre mujeres.

Lo cual tampoco significa que estén esencialmente siendo aceptadas por la cultura dominante: quizá solamente son las excepciones “coloridas” que validan la regla.

OBI: ¿Cómo evaluarías la visibilidad de las personas bisexuales en Latinoamérica?

Gabriela Granados: Generalizando, diría que nula. Bueno, hablando de nuestra visibilidad como bisexuales. Creo que hay muchos y muchas bisexuales con excelentes carreras y grandes aportes a la cultura, el deporte, la industria y la ciencia; sin embargo, la visibilidad de nuestra bisexualidad se reduce a contados momentos en casos excepcionales.

Imagino que por esa posibilidad que tenemos de “navegar” con bandera de “inocentes” y ser vistos como heterosexuales (quizás en menor medida también como homosexuales), para nosotros no sólo es cómodo sino también hasta cierto punto lógico aquello de “no tener que estar declarando” nuestra orientación o preferencia sexual.

Podría mencionarte, por ejemplo, muchos personajes del espectáculo en México y América Latina para quienes seguramente el ser vistos como “muy sexys” sería la coartada perfecta para evitar cuestionamientos al respecto. No sé si más adelante, cuando haya avanzado más la visibilidad y aceptación de la homosexualidad dentro de la cultura dominante, se vuelvan más frecuentes los hoy esporádicos casos de declaración de bisexualidad.

Sin embargo, también podría mencionar algunos casos como el de Alejandra Sardá en Argentina o el de Myriam Brito en México, quienes han hecho de la bisexualidad parte de su identidad pública… para bien de la diversidad. Ah, y sin olvidar la visibilidad en los circuitos “alternativos”.

OBI: ¿Qué resistencias culturales adviertes para que haya una aceptación social más reducida sobre el poliamor y el bondage?

Gabriela Granados: El problema con el poliamor es un mito ampliamente extendido, que quizá no sea tan mítico sino más bien una verdad para muchas personas: el que sólo puedes amar “de verdad” a una pareja. Como si la llegada de un nuevo hijo implicara forzosamente reducir el amor que tienes por el anterior. Aunque sí creo que es un hecho el que abrir posibilidades más allá de la pareja vuelve más complicado (que no forzosamente más difícil) el manejar las inseguridades propias de la llamada “naturaleza humana”.

La comodidad y seguridad que encuentran los swingers de verdad en sus aventuras polisexuales está en que reservan –o intentan reservar- toda la afectividad para la pareja con la cual comparten las cosas más relevantes de su vida. Con un límite claro al respecto, son libres de explotar sus potenciales y placeres físicos.

Pero el poliamor es otra cosa: aquí no hay seguridades. Textualmente, todo puede pasar, incluso el enamorarse de alguien más y poner en jaque la relación existente. Es más arriesgado. Mucho más. Claro que las posibilidades son mayores, infinitas, pero no cualquiera aceptará un reto semejante.

La totalidad del sistema social occidental y dominante, no sólo en sus aspectos morales sino también en los legales, se sustenta en la monogamia, aunque sea fingida. Aún los más avanzados reformismos del movimiento gay se detienen al plantear el matrimonio homosexual. No más. Incluso, en el marco de la discutible “colisión de civilizaciones”, en los países musulmanes hay movimientos que combaten abiertamente la poligamia con argumentos “progresistas” y hasta “feministas”.

En el caso del bondage (ataduras, inmovilización) y otras expresiones del BDSM o sadomasoquismo consensual, el problema no sólo es la existencia de una norma heredada de la tradición judeo-cristiana-estoica, aquella que reprime cualquier sexualidad que no sea coital, heterosexual y reproductiva: el BDSM busca no sólo el placer por sí mismo, sino que lo busca de una manera aparentemente muy contradictoria: a través de juegos de dolor y poder.

La historia política de los últimos siglos ha sido una historia de los movimientos y configuraciones del poder a nivel social, buscando cada vez una mayor “democracia” e igualitarismo no sólo entre clases sociales sino también entre los géneros, en una lucha totalmente justificada en contra de los abusos y las inequidades.

Pero esto se ha extrapolado a nivel personal, ignorando y satanizando el potencial constructivo y liberador que puede tener el jugar –y quiero ser muy enfática en el término: jugar- con impulsos humanos como la dominación, la violencia, la sumisión y la entrega amorosa.

Hasta cierto punto esta, digamos, “precaución ideológica” está bien, porque es muy difícil ser responsable y constructivo al jugar con esto, pero definitivamente sí es posible. Me consta y me encanta. Puede ser muy, pero muy enriquecedor, sanador, transformador. Pero –y reitero, pero- a condición de que se haga como un juego, y para que sea eso (y no abuso) debe ser sano, seguro y consensuado.

Podríamos abundar sobre este tema en otra ocasión, pero si a alguien le da mucha curiosidad le ofrezco mi blog http:storiesbyladyg.blogspot.com y algunas ligas que aparecerán al final de esta entrevista.

OBI: ¿Qué avances percibes en el mundo anglosajón sobre las bisexualidades?

Gabriela Granados: La verdad no sé muy bien por qué, pero en el activismo y la reflexión sobre las bisexualidades los anglos nos llevan gran ventaja. Quizá porque eso de los albures y de que ser doblemente macho si se es mayate esté de algún modo asimilado a nuestras culturas, donde valen el compadrazgo y otros arreglos emocionales y sociales particulares, así que no parezca tan “necesario” reflexionar al respecto.

El caso es que tanto en Estados Unidos como en Australia o el Reino Unido (y en otros países de Europa como Francia) existen hace años grupos que discuten sobre poliamor y relaciones alternativas, espiritualidad y sexo sagrado, transgénero, etc. Y no sólo: también dedican tiempo a talleres sobre manejo del tiempo en relaciones múltiples, resolución de conflictos y otros temas, digamos, prácticos, a los que te puedes enfrentar si llevas tus atracciones más allá de la pura fantasía.

A estas alturas ya no importan divertimentos teóricos como el preguntarte si te orientas a relacionarte tanto con varones como con mujeres porque inconscientemente deseas una reconciliación simbólica de tu papá y de tu mamá, o cosas por el estilo. Estas discusiones bizantinas sólo hacen perder un tiempo valioso mientras transcurre la vida real. Ahora lo importante es de qué herramientas te dotas para vivir lo más cercano posible al estilo de vida que anhela tu corazón.

Aunque hay grupos de avanzada como Opción Bi y otros similares en Buenos Aires y Bogotá, por ejemplo, en general en América Latina todavía estamos discutiendo hasta dónde la bisexualidad es una realidad, cuánta gente la practica, hasta qué punto es relevante como un tema de salud pública debido a la pandemia del Sida, qué lugar debería ocupar en el concierto de temas LGBT… como si todavía, apenas, nos estuviéramos dando cuenta de que existe.

OBI: ¿A qué atribuyes la nula difusión de resultados de las conferencias regionales sobre bisexualidad?

Gabriela Granados: Pues a que, a pesar de ser trinacionales (México, Estados Unidos y Canadá) en realidad la dinámica de las discusiones es más “norteña”. Y a que para nosotros resulta mucho más costosa en todos sentidos (económico, laboral, etc.) la asistencia a este tipo de eventos.

OBI: ¿Cómo ven los lectores de revistas sobre sexualidad el tema de las bisexualidades? ¿El amarillismo en la cobertura referente a las bisexualidades contribuye de manera favorable a difundir los estilos de vida y prácticas bisexuales o ayuda más el periodismo de investigación?

Gabriela Granados: No puedo asegurarte cuál es la percepción de los lectores porque no hay estudios al respecto, pero desde mi experiencia como periodista y mi intuición de editora y jefa de redacción, creo que es un tema que sí genera cierto interés y que esto puede ser aprovechado para difundir información de calidad al respecto.

Con frecuencia los medios explotan el morbo, que es un interés “malsano” por cosas desagradables o extrañas, ensalzando precisamente lo desagradable y escandaloso; sin embargo, ese interés puede verse saciado e incluso espoleado por una buena cobertura, por un abordaje extensivo que no evada ningún ángulo del tema debido al horror, que no haga juicios moralistas y que tampoco caiga en un engolamiento pretencioso que vista las cosas con una seriedad excesiva.

Esa es una tarea en la que yo me he comprometido, tanto en el tema de la bisexualidad como en otras de las llamadas “sexualidades alternativas”, tanto en Milenio como en la revistas Quo y dF, así como en mi propio sello productor Deep Cherry, donde trabajo el género documental. Lo hago especialmente cuando me dirijo al “público general”, para mostrarle que todos y todas tenemos algo de “diverso” y que, finalmente, todos tenemos nuestro corazoncito, que somos igualmente capaces de amar, de pensar, de llorar.

Ahora bien, quiero hacer una aclaración: el o la periodista, generalmente, no se mandan solos. Cuando tú lees un artículo en una revista no ves solamente lo que él o ella investigaron y redactaron, sino también los títulos y subtítulos que decidió ponerle el editor, las imágenes que mandaron a hacer los departamentos de arte o fotografía, etc.

Muchas veces el único que ha tenido tiempo de meterse de lleno en un tema es el reportero (y eso, cuando ha tenido tiempo); pero los editores, conductores y otros tomadores de decisiones a nivel superior generalmente no tienen ni la formación, ni el tiempo para profundizar en su acercamiento a estos temas, además de que –aún a su pesar- deben responder a lógicas mediáticas movidas por el rating, por ejemplo.

No digo que esté bien ni que no se pueda hacer algo al respecto; nada más señalo que así es como son las cosas.

OBI: ¿Estarías de acuerdo en afirmar que el periodismo le ha ganado a las investigaciones académicas en la publicación de artículos sobre las bisexualidades?

Sin duda, pero no sólo ocurre en este campo: la generación de conocimiento académico requiere mucho más tiempo que el periodismo: con suerte, como periodista tendrás un mes para investigar un tema; una investigación académica lleva años. Cada una tiene sus debilidades: el periodismo puede ser superficial; la investigación académica puede llegar a publicarse cuando la realidad que pretendía retratar ya no existe o ha cambiado sustancialmente.

OBI: ¿A partir de qué aspectos marcarías una separación entre bisexualidad y poliamor?

Gabriela Granados: Primero señalaría que ninguna de estas dos orientaciones, preferencias, conductas o fantasías son una obligación. Nadie debería sentirse obligado a tener una pareja hombre y una pareja mujer sólo por sentirse atraído hacia ambos, ni mucho menos por tener sueños al respecto de vez en cuando. Tampoco es una obligación el no ser monógamo.

Aunque sucede y en muchas ocasiones lo deseamos, el ser bisexual no implica necesariamente tener relaciones con hombres y con mujeres al mismo tiempo. El que nos guste un género no significa que deban gustarnos todos los integrantes de ese género, ¿verdad? Pues tampoco si nos gustan ambos. O si nos gustan las personas transgénero, andróginas, intersexuales o transexuales: generalmente nos gusta alguna o algunas personas en particular.

Es verdad que la bisexualidad cuestiona de entrada el paradigma de la monogamia, porque nos pone a pensar que si pasamos la vida entera con una sola persona entonces podríamos estarnos perdiendo por siempre la posibilidad de disfrutar con alguien del otro género. Pero también es verdad que las relaciones con una sola persona para toda la vida casi no existen. Para mí, la monogamia serial es una forma de polirrelación. Además, tener relaciones simultáneas con más de una persona es bastante común, aunque en su gran mayoría se trata de relaciones clandestinas.

Sin embargo, reitero, no se trata de quitar la norma de la heterosexualidad u homosexual monógama e instalar en su lugar la norma de la bisexualidad poliamorista. Eso es cuestión personal, de pareja, de trieja, etc.

También podría señalar el prejuicio que dice que las personas bisexuales somos tanto indefinidas como incapaces de comprometernos. Eso no es verdad. Claro que podemos tener aventuras sexuales desapegadas con unos y otras, pero la realidad es que la mayoría de los seres humanos, independientemente de nuestra orientación de género, deseamos y necesitamos cierto grado de estabilidad, y generalmente intentamos tenerla mediante un compromiso que nos hace negociar con el entorno. De hecho, creo que la mayoría de las y los bisexuales o son solteros o emparejados.

Es muy difícil ser poliamorista. Quizá no más difícil que otras opciones, pero he visto que muy poca gente acepta, asimila y permanece en la posibilidad de tener, abierta y consensualmente, más de una sola relación afectiva significativa, profunda. Esa es una limitación real en el supuesto de que alguien, además de bisexual, sea poliamorista.

Personalmente, a mí me gusta la diversidad: sexual, religiosa, musical, y de vez en cuando la extraño si he pasado mucho tiempo con una sola opción. Yo me siento muy feliz cuando puedo vivir simultáneamente relaciones con personas de uno y otros géneros, y he tenido el privilegio de ser acompañada por diversas personas en la aventura de vivir, aunque ha sido sólo durante ciertas temporadas y también he tenido que pagar ciertos costos por ello. Sin embargo, este ha sido mi gusto personal, y de ningún modo insinuaría siquiera que es un deber, ni para mí misma, ni mucho menos para los demás.

OBI: ¿Después de Kinsey y Fritz Klein qué futuro sigue para las bisexualidades desde el discurso científico?

Gabriela Granados: La verdad no lo sé. Desde el periodismo veo una emergencia del transgénero, que cuestiona la dicotomía masculino-femenino como un paradigma central en nuestra cultura; sin embargo, el sistema dual de género ha estado presente en la humanidad durante milenios, y a pesar de los desarrollos en la tecnología médica, sexual y reproductiva, el dimorfismo sexual seguirá existiendo todavía mucho tiempo en la especie humana.

Yo no termino de entender por qué los famosos continuos heterosexualidad-homosexualidad no han sido realmente suplantados por otros esquemas teóricos, como aquella tabla cartesiana que representaba gráficamente la independencia de ambas atracciones, una en el eje de las X y la otra en el eje de las Y. A mí me parecía un excelente esquema: no porque te gusten mucho las mujeres tienen que gustarte poco los hombres, por ejemplo. Pero nadie le hizo caso, no sé por qué.

Ahora, y como ya lo planteaba Natalia (fundadora de Opción), también habría que tomar en cuenta la atracción hacia las personas transgenéricas. Pero cada cosa tiene infinitas variables, y mientras más complejo ves algo, es mayor su potencial de mayor complejidad…

En su momento, estos esquemas sobre las atracciones me sirvieron para entender mi propia complejidad y darme motivos para construir mi postura ante la sociedad. Son herramientas de autoconocimiento y autoafirmación, y creo que son muy divertidos… ¡más que los tests de las revistas!

Sin embargo, ahora lo que me parece realmente interesante son los estudios interculturales: ¿cómo son los valores, vivencias, tradiciones y normas al respecto en los países musulmanes? ¿Qué ocurre en India, en el Caribe, en Brasil?

También me parece relevante hurgar en las tradiciones religiosas, hacer un poco de hermenéutica, de teología, especialmente ahora que los fundamentalismos han puesto en peligro la paz mundial: ¿qué de masculino y qué de femenino podemos encontrar en las diferentes perspectivas de lo trascendente? ¿Cómo se articulan en cada advocación de lo Divino y del Amor? ¿Cómo han evolucionado estas concepciones y hacia dónde podrían dirigirse si las vemos con los ojos con que miramos el mundo actual? Pienso en ello e imagino un festín intelectual… ¡y gran contento en el corazón!

Más información:
http://gabriela-granados.com
http://deepcherry.blogspot.com/
http://www.poliamoria.com
http://www.didak.info

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